Prácticas de empresa como informático en Vietnam – Mi experiencia con las becas Faro

Allá por mayo del 2017 una amiga me recomendó inscribirme en el programa ‘Faro’ de la universidad de Valladolid. Este programa facilita enormemente el realizar prácticas de empresa en cualquier rincón del mundo. Tres meses después estaba volando rumbo a Saigón.

La decisión de adherirme a este programa vino en un momento en el que estaba totalmente volcado en mi Proyecto de Fin de Carrera, lo cual hizo que todo el proceso de selección ocurriera en un segundo plano.También coincidió con las fechas en que presentamos el proyecto AtréBT de la Universidad de Cádiz.

Escribo este texto desde un café cercano a la iglesia de Gia Định, que a su vez está junto al mercado de Bà Chiểu (Chợ Bà Chiểu) en el distrito que ha sido mi hogar durante los últimos siete meses, Bình Thạnh. Quedan unas escasas dos semanas para llegar al fin de mis prácticas y creo que es el momento idóneo para valorar el apartado profesional de esta experiencia. Otros artículos serán dedicados a distintos aspectos de la vida en Saigón.

Como Ingeniero Informático sin apenas experiencia previa no tenía la menor idea de lo que podía encontrarme en este u otro lado del mundo, pero tras hablar con distintos colegas que trabajan en campos diferentes siento que mis prácticas han sido únicas por distintas razones que voy a tratar de desgranar en los siguientes párrafos.

La empresa para la que he trabajado estos meses no tenía ningún informático contratado sino que depende de una empresa de outsourcing alemana-suiza. Es con los ingenieros vietnamitas de esta última con quienes comencé mi periplo informático en Saigón. El proyecto inicial al que estuve destinado consistía en desarrollar una ERP (Enterprise Resource Planning) para la factoría de mi empresa. Los primeros días de trabajo los empleé yendo a las oficinas de esta empresa alemana donde me instruyeron en el manejo de las herramientas que estaban empleando para desarrollar el software. Estas son el framework de desarrollo web Lucee (basado en CFML) y un Angular adaptado a la ERP. ¡También trataron de explicarme vía pelos y señales la arquitectura de la aplicación, ya que no existe ni existía ningún tipo de documentación acerca del funcionamiento o planteamiento de la misma!

Con el paso de los días fui descubriendo las distintas capas del software con el que tendría que lidiar los próximos meses; cada una de ellas había sido desarrollada por un programador distinto sin seguir guía de estilo alguna y con poca idea de cómo una aplicación mantenible debería estar estructurada. Recuerdo que me daba apuro expresarles que el código espagueti que estaban desarrollando no era en absoluto válido en una aplicación desarrollada por una firma de ingeniería, pero llegados al punto donde estaba la aplicación, ya no podía deshacer tal maraña sin desmontar todo el sistema y comenzarlo desde cero en los seis meses que duraría mi práctica.

Tras unas dos semanas yendo a la empresa de outsourcing, que está a casi una hora en moto (¡con todo lo que ello implica en una ciudad como Saigón!) de mi casa, me despedí de los programadores con los que había estado trabajando, en especial de Thinh, quien fue el primer vietnamita con quien hice algo de migas y Steven, el jefe del proyecto cuyo nombre real es Linh. Me fui con un sabor amargo, pues no podía evitar sentir que esta gente le estaba tomando el pelo a la empresa que realmente me había contratado a través del programa Faro.

Jamás volví a las oficinas de la empresa alemana-suiza; desde aquel día nos comunicamos vía Skype y Jiraa. Poco después me enteré de los graves problemas financieros que acusaban a la firma de ingeniería, y también comencé a recibir ofertas de empleo por parte de Steven.

Desde octubre hasta el día de hoy he estado trabajando desde la factoría textil de mi empresa. Como ya dije antes, ésta no tiene ningún informático contratado al 100% del tiempo sino que dejan recaer sus necesidades IT en otras compañías como la alemana-suiza, otra empresa vietnamita de telecomunicaciones, otra de reparación y mantenimiento de equipos informáticos y una última que se encarga de las máquinas especializadas de la propia factoría. Ahí, en medio de esa vorágine de subcontratas estaba yo, sin compañero fijo de trabajo dedicado a mi misma tarea.

De octubre a principios de diciembre seguí trabajando en la ERP conectado en remoto con los informáticos vietnamitas de la empresa de outsourcing. La rutina era extraña pues iba a un puesto de trabajo físico en el que no podía hablar con nadie cara a cara acerca de ningún detalle técnico, sino que en realidad todos estos temas se trataban via Skype. En los descansos hablaba con los trabajadores de la factoría, cuyas tareas no tenían nada que ver con la mía.

Esta situación cambió a comienzos del mes de diciembre cuando el caos de gestión y estructura del proyecto de la ERP pudieron conmigo y pregunté a mi jefe si podría diseñar y encargarme yo de mi propio proyecto en los últimos tres meses de mis prácticas. Dijo que sí, y me presentó varias ideas de aplicaciones que querían desarrollar en un futuro, y me dejó escoger la que yo quisiera.

De éstas escogí un sistema de venta online que tenían pendiente por desarrollar; se trataba una tienda online que debía integrar un sistema de gestión de stocks que se sincronizara con la ERP. También pude escoger tecnologías, lo cuál acabó resultando ser la mejor decisión que tomé en estas prácticas ya que escogí Vue js para el frontend y Python para el backend, unas tecnologías con las que tenía muchas ganas de aprender y emplear en profundidad. A estas alturas de la película me desenvuelvo con soltura y celeridad en ambas tecnologías y soy capaz de integrarlas perfectamente para desarrollar cualquier tipo de aplicación.

Allá por febrero me ofrecieron desarrollar otra aplicación, en este caso para la Ironman Vietnam 2018. Ésta consiste en un sistema de impresión automatizado que se sincroniza con los tiempos de la mundialmente conocida triatlón, generando archivos de impresión que permiten diseñar prendas personalizadas en tan solo unos instantes. Por supuesto, dije que sí, y desarrolle la aplicación con el apoyo de Sport Stats Asia.

En resumen, estás prácticas profesionales no han sido perfectas, pero tremendamente enriquecedoras. He visto lo que un mal equipo puede lograr, la necesidad de una clara arquitectura y de una buena técnica. Por otro lado me arrepiendo de no haber trabajado más junto a Steven, el jefe de la empresa alemana quien creo podría haberme aconsejado en el desarrollo del sistema de venta online.

Pese a todo, este breve repaso a los maravillosamente frenéticos meses que he pasado en Saigón no hacen sino despertar en mí una feliz sonrisa, y la bella incertidumbre de no tener certeza alguna de cuál será mi próximo destino.

Ernesto en Saigon a 25 de marzo del 2018.

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